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<rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0"><channel><atom:link href="https://espaciowebtural.blogia.com/feed.xml" rel="self" type="application/rss+xml"/><title>Espacio webtural</title><description/><link>https://espaciowebtural.blogia.com</link><language>es</language><lastBuildDate>Sun, 10 Dec 2023 12:02:20 +0000</lastBuildDate><generator>Blogia</generator><item><title>Lista de regalos</title><link>https://espaciowebtural.blogia.com/2009/122802-lista-de-regalos.php</link><guid isPermaLink="true">https://espaciowebtural.blogia.com/2009/122802-lista-de-regalos.php</guid><description><![CDATA[<div class="sumario"><em>Yo hice todo lo que se debe hacer. Me levant&eacute; hoy, jueves veinticuatro de diciembre, a las siete en punto de la ma&ntilde;ana. </em></div> <div class="imagen_asociada" id="node-178212"><img src="//espaciowebtural.blogia.com/upload/externo-85809652c08b4a3244a69453cd16ad76.jpg" border="0" alt="Lista de regalos" title="Lista de regalos" width="560" height="373" /></div> <div class="relpauta"></div>  <p>Escrib&iacute; en un post-it amarillo mi lista de regalos de Navidad desde &ldquo;Pap&aacute;&rdquo; hasta &ldquo;Don Luis&rdquo;: veintisiete nombres a tachar, veintisiete objetos a comprar. Ped&iacute; un taxi unos minutos antes de las nueve. Y media hora m&aacute;s tarde estaba en el centro comercial en el que compramos los aretes que te gustan. Odi&eacute; haber sido el &uacute;ltimo en llegar a la multitud. Odi&eacute;, sin distinciones de sexos, razas o religiones, a toda la gente que me pasaba por encima. Odi&eacute; la musiquita cascabelera que ven&iacute;a de los parlantes, la nieve falsa que ca&iacute;a desde el techo, el oso polar de aserr&iacute;n, m&aacute;s bien sucio, al que sub&iacute;an a los ni&ntilde;os. Odi&eacute; a los ni&ntilde;os. Odi&eacute; todo.</p><p>Pero compr&eacute; los regalos que ten&iacute;a que comprar. A la portera de la oficina, a las cinco secretarias del primer piso y a las tres se&ntilde;oras de tesorer&iacute;a les compr&eacute; un ponquecito de Navidad de aquellos. A la secretaria nueva, que es como un &aacute;ngel de Dios, le consegu&iacute; la crema de manos que me dijiste que es tan buena. A Don Luis, el portero sin cejas, le llev&eacute; una de esas cafeteras el&eacute;ctricas que nos parecieron baratas. A mi psiquiatra le consegu&iacute; una libreta de papel grueso de las que hay en la papeler&iacute;a sofisticada del primer piso. Creo que se me fue la mano en el regalo de Carrasco: poca gente se merece el disco con las ochenta baladas de los ochenta que tiene Glory Of Love.</p><p>&nbsp;Otra vez me produjo escalofr&iacute;os la tienda de sombreros de ganadero, porque &iquest;en qu&eacute; tipo de pa&iacute;s estaremos viviendo para que un local de esos prospere?, pero segu&iacute; mi camino como cualquier hombre honorable que tiene una misi&oacute;n: para salir de las mujeres de mi familia, desde mis primas hasta mi mam&aacute;, cargu&eacute; a la tarjeta de cr&eacute;dito el saco de cuadritos de la vitrina que tiene ese maniqu&iacute; con reumatismo, la cartera con el afiche de Charada, las botas altas que no se consiguen, el juego de mesa de adivinar nombres de pel&iacute;culas, una c&aacute;mara digital plan&iacute;sima que parece de esp&iacute;a, dos bufandas, dos libros que me dijeron que est&aacute;n buenos y cinco esferos bonitos de diferentes colores.</p><p>Tuve tres encuentros extra&ntilde;os en los pasillos del centro comercial. Los tres personajes me contaron alguna historia de Navidad, me hablaron mal del pa&iacute;s como si fuera culpa m&iacute;a y al final me preguntaron por ti.</p><p>&nbsp;Lorenzo Saavedra, mi compa&ntilde;ero de colegio, me cont&oacute; que el a&ntilde;o pasado solo pudo estar media hora en la Navidad de su hijo. Y que este a&ntilde;o pinta igual. Se est&aacute; toda la tarde en el canal, porque &ldquo;alg&uacute;n periodista tiene que quedarse por si el pa&iacute;s por fin se cae de su peso&rdquo;, pero pide permiso a las siete de la noche, cruza Bogot&aacute; de lado a lado para abrazar a su ni&ntilde;o en el apartamento de su ex esposa, lo ve abrir las monta&ntilde;as de regalos que le trae el ni&ntilde;o Dios, y unos minutos m&aacute;s tarde, cuando su hijo se queda dormido en sus brazos, emprende el viaje de vuelta. Le dice &ldquo;&iexcl;Feliz Navidad!&rdquo; a una familia que ya ni siquiera lo odia. Y sale a la calle a agarrar el bus de regreso.</p><p>Elena Robledo, mi ex novia abogada, me dijo que est&aacute; desesperada con el beb&eacute; que tuvo porque le desbarata el &aacute;rbol cada vez que puede. Ella lo rega&ntilde;a. Ella le dice que esas cosas no se hacen &ldquo;porque son tradiciones familiares que hay que respetar&rdquo;. Pero &eacute;l, que tiene dos a&ntilde;os, se muere de la risa. Y de paso le esconde las figuras del pesebre. Hoy, como el ni&ntilde;o Dios no aparece por ninguna parte, est&aacute; pensando en castigarlo, pero no ha podido reunir las pruebas suficientes de que es &eacute;l, su beb&eacute;, el culpable del robo. Sabe que el Derecho le ha deformado la cabeza. Pero se despidi&oacute; de m&iacute; encogi&eacute;ndose de hombros. Y pregunt&oacute; &ldquo;&iquest;qu&eacute; vamos a hacer con este pa&iacute;s, ah?&rdquo; mientras se iba.</p><p>Y mi t&iacute;o Sergio, que siempre me dice que tenemos que unir a la familia, y que nos va a tocar irnos a vivir a otra parte, me cont&oacute; por en&eacute;sima vez el cuento de la Navidad en el que me empe&ntilde;&eacute; en seguir a mis pap&aacute;s por todas partes porque estaba sospechando que ellos compraban los regalos que tra&iacute;a el ni&ntilde;o Dios. Me acostaron a las tres de la tarde dizque a hacer una siesta. Pero yo sal&iacute; detr&aacute;s de ellos apenas not&eacute; que dejaban la casa. Pude seguirlos por la calle, a los siete a&ntilde;os, &ldquo;porque en ese entonces los hampones no hab&iacute;an invadido los barrios&rdquo;. Los espi&eacute; con unos bin&oacute;culos mientras empacaban unos juguetes donde mi abuela. Y cuando regres&eacute;, antes de que me descubrieran, s&oacute;lo encontr&eacute; encendido un bombillo de la casa: el de la habitaci&oacute;n en la que el ni&ntilde;o Dios hab&iacute;a dejado mis regalos.</p><p>e o&iacute;do esa historia tanto que ya no s&eacute; si la recuerdo. Me desped&iacute; de mi t&iacute;o con la primera excusa que me vino a la cabeza.</p><p>Sal&iacute; del centro comercial apenas pude. Odi&eacute; la fila para conseguir el taxi de vuelta. Odi&eacute; a las se&ntilde;oras aplastadas por los paquetes. Pero no me import&oacute; nada m&aacute;s cuando logr&eacute; salir de ah&iacute;.</p><p>Llegu&eacute; a mi casa un poco despu&eacute;s de las cinco de la tarde. &iquest;Y sabes qu&eacute; pens&eacute;? Que a m&iacute; me sobra todo el mundo si est&aacute;s t&uacute;. Que a m&iacute; me da lo mismo que sea Navidad o que sea el &uacute;ltimo d&iacute;a del pa&iacute;s si t&uacute; no duermes al ladito. Que no tengo familia ni tengo nada si no te tengo a ti. Que yo tendr&iacute;a hijos solo si fueran hijos tuyos. Y que estos veintisiete regalos, que tienes ahora mismo en tus manos, en verdad son todos para ti. Me di cuenta de eso cuando me sent&eacute;, en la mesa del comedor, a hacerles las tarjetas a los paquetes, porque, cada vez que iba a escribir para qui&eacute;n era, se me ven&iacute;a tu nombre a la cabeza. Y por eso, porque todo lo que existe es tuyo, te los dejo ac&aacute; abajo para cuando por fin vuelvas de viaje.</p><p>Yo no s&eacute; qu&eacute; vas a hacer con dos bufandas, cinco esferos, nueve ponqu&eacute;s de Navidad endurecidos. Pero vive conmigo lo que nos quede de vida. Y evitemos juntos la suerte de los otros.</p><p><strong>Ricardo Silva Romero</strong></p><p>Escritor nacido en Bogot&aacute; en agosto de 1975. Estudi&oacute; literatura en la Universidad Javeriana e hizo un m&aacute;ster en cine y televisi&oacute;n en la Universidad Aut&oacute;noma de Barcelona. Es autor de Sobre la tela de ara&ntilde;a (1999), un libro de cuentos humor&iacute;sticos; R&eacute;quiem (2000),&nbsp; Tic (2003) y Parece que va a llover (2005). En 2006 public&oacute; El hombre de los mil nombres: biograf&iacute;a autorizada del difunto Lester Brown, una novela con muy buenas cr&iacute;ticas. Este a&ntilde;o present&oacute; su libro Autogol, sobre la muerte de Andr&eacute;s Escobar.</p><p><strong>Roc&iacute;o Parra</strong></p><p>Dise&ntilde;adora gr&aacute;fi ca con estudios de pintura en Florencia, Italia. Ha trabajado en el campo editorial, gr&aacute;fico y publicitario. Ilustradora seleccionada en 2006 a la Muestra de Ilustradores en la Feria del Libro de Bolonia, Italia. Premio a Mejor Ilustraci&oacute;n 2004 en la II Bienal de Ilustraci&oacute;n de Renzo Ventura, en Italia.</p>]]></description><pubDate>Mon, 28 Dec 2009 18:26:00 +0000</pubDate></item><item><title>Bienvenido</title><link>https://espaciowebtural.blogia.com/2009/122801-bienvenido.php</link><guid isPermaLink="true">https://espaciowebtural.blogia.com/2009/122801-bienvenido.php</guid><description><![CDATA[Ya tienes weblog.<br /><br />Para empezar a publicar artículos y administrar tu nueva bitácora:</p> <ol>   <li> busca el enlace <strong>Administrar</strong> en esta misma página. <br>   </li>   <li>Deberás introducir tu clave para poder acceder.</li> </ol> <p><br> Una vez dentro podrás: </p> <ul>   <li>editar los artículos y comentarios (menú <strong>Artículos</strong>); <br>   </li>   <li>publicar un nuevo texto (<strong>Escribir nuevo</strong>); <br>   </li>   <li>modificar la apariencia y configurar tu bitácora (<strong>Opciones</strong>); <br>   </li>   <li>volver a esta página y ver el blog tal y como lo verían tus visitantes (<strong>Salir al blog</strong>). </li> </ul> <p><br> Puedes eliminar este artículo (en Artículos &gt; eliminar). ¡Que lo disfrutes!]]></description><pubDate>Mon, 28 Dec 2009 18:24:00 +0000</pubDate></item></channel></rss>
